sábado, 23 de abril de 2011

Europa relaciona la elevada tasa de abandono escolar español con las altas cifras de paro juvenil



Este es el subtítulo de un artículo publicado en El País digital el 19 de Abril y cuyo verdadero título es: "La UE pide a los países que mantengan o amplíen sus presupuestos para Educación"
Y en España debemos añadir a nuestro esfuerzo uno adicional, no solo para mantener los presupuestos sino para usar el dinero de una forma más eficaz. ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Por qué la tasa de abandono escolar de los últimos años se ha situado en el 31%? Un interesante estudio de la Obra Social de la Caixa (Fracaso y Abandono Escolar en España) da ciertas claves y, sobre todo, pone las cifras "negro sobre blanco" lo cual nos permite hacernos nuestra propia composición de lugar. Ciertamente que los datos más recientes sean de 2007, y la mayoría de algunos años antes, introduce un cierto sesgo ya que los años de crisis y la caída de la construcción han "mantenido" en las aulas a un porcentaje significativo de alumnos que en otras circunstancias sociales probablemente habrían abandonado.  Aún así, el análisis minucioso y documentado da una fotografía bastante clara y preocupante de lo que nos pasa. Y peor aún, de lo inexorable que nos pasará.

Un párrafo concreto dice:


"Los objetivos educativos de la Unión Europea, plasmados en Lisboa, establecen
las condiciones para la incorporación de Europa a la sociedad de la información y la economía del conocimiento. Estos objetivos se elaboran en términos de la finalización de una etapa secundaria postobligatoria, lo que en España corresponde al bachillerato o a los ciclos formativos de grado medio, que deberían ser alcanzados por el 85% de los estudiantes. ¿En qué grado se alcanza esto en nuestro país? En un 62%, que es lo que representan los titulados anuales en esa etapa respecto de los potenciales titulables, la población en edad. Esto significa 23 puntos por debajo del objetivo fijado pero que ya no se alcanzará en 2010."

Esa es la realidad y en el documento antedicho se exponen algunas causas y se mencionan algunas soluciones propuestas que previsiblemente no van a funcionar. 


En otro párrafo se comenta:

"Se da así la paradoja de que nuestro sistema educativo expide hoy un tercio de la futura fuerza de trabajo (ese 30% de no graduados en la ESO o ese 34% que no accede a ningún tipo de enseñanza postobligatoria) sin ninguna cualificación profesional. Con la intención de prestigiar la formación profesional, se cerró el acceso a la misma a los que no obtuvieran el título de graduado en la enseñanza obligatoria. El resultado de esta medida es que hoy sale más gente que nunca del sistema educativo sin cualificación para el trabajo, a pesar de haber pasado por una formación académica más larga, al menos medida en años. No nos explicamos por qué no puede haber para ellos una vía paralela que permita un desarrollo profesional continuado, aunque no sea equivalente al de los ciclos formativos reconocidos como de grado medio y superior.
Además, el hecho de que no se pueda acceder directamente a los ciclos de grado superior desde los de grado medio tiene el efecto indirecto de desacreditar a éstos, puesto que en principio son una vía corta y sin futuro; resumiendo: inflar la matrícula de bachillerato que, por lo demás, nunca ha llegado a ser un ciclo integral o multilateral, es decir, no enfocado unilateralmente a la universidad, y no en vano se desprendió del adjetivo polivalente; y cerrar la puerta a quienes, con el paso de los años y la maduración personal, comprenden tardíamente el valor del estudio."

En definitiva, parece claro que nuestros jóvenes abandonan los estudios debido, fundamentalmente, a las pocas expectativas que dichos estudios les proporcionan para la obtención de un trabajo lo cual, añadido a la frustración y el poco interés intrínseco de los mismos, es causa comprensible del desestimiento. Y sabiendo esto ¿estamos en condiciones de hacer las reformas necesarias para darle la vuelta? Acaba de aprobarse la fórmula para facilitar el paso de la Formación Profesional al Bachillerato (El Pais digital) pero no parece que sea esto lo que hace falta. ¿No deberíamos hacer más esfuerzo en una Formación Profesional de calidad enfocada a la práctica y lejos de los viejos sistemas teóricos propios de la enseñanza reglada? 

Tal vez debamos pensar en nuevas formas de hacer nuevas cosas. Ya lo decía Einstein: "Si quieres resultados distintos no puedes seguir haciendo las mismas cosas" Tal vez deberíamos juntar el mundo de la Formación Ocupacional, su sistema de Certificados de Profesionalidad por Módulos y su metodología eminentemente práctica, con el de la Formación Profesional reglada. Tal vez deberíamos ir más lejos y llevar a las Aulas de Secundaria las cosas que los jóvenes viven en su día a día, las tecnologías, los entornos colaborativos, el trabajo en red... Es obvio que a nadie gusta la expresión "generación perdida" pero no nos engañemos, si perdimos la que nació en los 80 debemos hacer un esfuerzo ímprobo para no perder también las que nacieron en los 90 o en la década del 2000.

miércoles, 2 de febrero de 2011

¿De verdad estamos cambiando algo?

Hace cuatro años que fijamos el inicio de la Crisis. De las 7 definiciones que ofrece el Diccionario de la RAE para la palabra "crisis" me quedo con la última por escueta e intemporal: 7. f. Situación dificultosa o complicada. No cabe duda, llevamos cuatro años en una situación dificultosa y complicada. Cuatro años en los que hemos pasado por las fases de Negación, Tristeza, Depresión y, por fin, Aceptación pero mientras tanto hemos perdido un tiempo precioso. Pero lo peor no es haber quedado inmovilizados durante estos cuatro años tratando de parchear el barco que se hunde con mejor o peor fortuna (se diría que peor a la vista de los resultados), lo peor es que los años anteriores vivimos instalados cómodamente en la mullida burbuja inmobiliaria como si de un colchón de playa se tratase, permitimos que nuestros jóvenes abandonasen masivamente su formación para dedicarse a trabajos de baja o nula cualificación pero muy bien remunerados y nuestro tejido empresarial se fue descapitalizando de conocimiento y de talento en favor de mano de obra barata y flexible dispuesta a echar horas en tareas poco brillantes porque no hacía falta otra cosa. ¿Para que inventar? ¿Para que hacer cosas nuevas si las de toda la vida, las que hacía todo el mundo, parecían ser un filón inagotable?

Estamos en 2011, tenemos casi cinco millones de desempleados y no hay perspectiva de crear empleo neto hasta mediados de 2012 pero ¿qué clase de empleo se creará? En estos momentos las únicas demandas son, fundamentalmente, para comerciales y además autónomos. Y eso en la parte "baja" de la tabla, en la de niveles de cualificación de 1 a 3, en la parte de las personas que si quieren seguir cobrando alguna ayuda deberán aceptar un itinerario formativo. Y yo pregunto ¿qué formación se le va a ofrecer a estas personas? ¿Los cursos del Servicio Canario de Empleo que ha calificado como prioritarios para 2011? Formación en hostelería y trabajos auxiliares de construcción. Cierto que se incluye algo relacionado con las energías renovables y con la agricultura en alguna isla, pero es anecdótico. ¿Para cuando una profesionalización de nuestro tejido comercial? ¿Para cuando formación para la internacionalización? ¿Por qué los idiomas siguen teniendo la mínima prioridad? ¿Qué pasa con los nuevos nichos de empleo ligados a la gestión medioambiental, sensibilización, gestión de residuos, depuración y desalinización de aguas, descontaminación de suelos...?

Acaba de salir el Informe de 2010 de Innovación en la Unión Europea en el que se revisan abundantes indicadores de innovación en los 27 países de la unión, y de cuya lectura se puede deducir que, al menos hasta 2010, España no parece estar haciendo los deberes si realmente quiere cambiar su modelo productivo a otro basado en el conocimiento. De muy recomendable lectura y reflexión si nos atrevemos a enfrentar la cruda realidad. Extracto simplemente una imagen que vale más que mil palabras:



miércoles, 26 de enero de 2011

5 Mitos sobre la Innovación

licensed image by Ross Mayfield

1.- Todo es mejorable

Cierto indudablemente pero a) NO toda mejora es innovadora y b) NO toda mejora innovadora es relevante. 

Cuando mejoramos algo puede ser simplemente que apliquemos un parche para resolver un problema y que ese problema sea consecuencia de un cambio innovador, es decir, el parche puede ser sencillamente "volver a hacer lo de antes". Esto es más frecuente de lo que imaginamos y especialmente en las Innovaciones de Proceso, lo que ocurre es que como éstas se dilatan en el tiempo no se percibe fácilmente y muchas veces las personas que "sufrieron" la innovación ya no están para "disfrutar" el paso atrás.
En otros casos nos encontramos que una mejora innovadora que puede ser, incluso, de gran relevancia tecnológica, al final apenas tiene incidencia en la cuenta de resultados. Este caso suele darse cuando la innovación es de producto y el proyecto se justifica con hipotéticos beneficios para el cliente que, al fin y a la postre, no llega a darse cuenta del cambio. Muchas de las mejoras que se introducen en los vehículos se quedan en meras siglas nuevas y "esotéricas" que no aportan nada al cliente cuyos motivos de compra siguen siendo estéticos, de marca o de precio.

2.- Las empresas están entusiasmadas con la Innovación

Falso, en la mayoría de los casos

La realidad es que las empresas están "resignadas" a la innovación porque en estos momentos (no era así hace un siglo) no les queda más remedio que adaptarse a los cambios que les vienen impuestos por el mercado. Una ejemplo clarísimo de esta resistencia a la innovación lo tenemos en las grandes distribuidoras de contenidos digitales que luchan denodadamente contra la demanda de "disponibilidad" de los clientes sin plantearse una revisión de sus negocios que "aproveche" las nuevas tecnologías en lugar de anatematizarlas. Sin embargo las empresas con cultura realmente innovadora, que promueven en sus organizaciones la creatividad y los cambios y pretenden introducir innovaciones que se adelantan a las exigencias del mercado, son minoritarias (casi inexistentes) y en muchos casos tienen que luchar contra sus propios mecanismos internos de "resistencia al cambio". La cultura verdaderamente innovadora necesita de recursos especiales tanto económicos como organizativos para "bordear" los procesos de control interno de la organización establecidos para evitar desviaciones y pérdidas de rentabilidad Puesto que la verdadera innovación requiere de un alto índice de "ensayos y errores" hasta llegar al "acierto" es difícil que un controller financiero "al uso" se sienta cómodo sabiendo que en su organización hay una parcela en la que no le dejan meter la nariz por razones obvias. 

3.- Los innovadores tiene éxito

Falso, en la mayoría de los casos.



Como ya hemos apuntado antes la realidad es que el proceso de innovación conlleva un alto grado de incertidumbre y son muchas más las ideas innovadoras que fracasan que las que tienen éxito, lo que ocurre es que de las que fracasan casi nunca nos enteramos. Para contribuir a este desmoralizador escenario la realidad nos indica que en el mundo de los negocios rara vez van unidas las características que garantizan el éxito empresarial con las que garantizan la capacidad de innovación, a pesar de lo que la fiebre innovadora que nos invade pretende hacernos creer. Sin embargo si es cierto que hay un punto de enlace entre los dos mundos: la visión del emprendedor exitoso. Los empresarios de éxito son capaces de ver más allá que el resto de las personas por lo que, aunque no sean capaces de idear productos o servicios altamente innovadores, si son capaces de "visualizar" la rentabilidad económica cuando se les presenta. Por lo tanto, las estrategias actuales que promueven y facilitan el encuentro entre "creadores de ideas" y "creadores de negocios" son el caldo más idóneo para que se produzca ese "encuentro afortunado" que convierta ciertas ideas innovadoras en éxitos comerciales.

4.- La innovación y la última tecnología van de la mano

No necesariamente

Es frecuente que cuando pensamos en innovación se nos vengan a la cabeza los últimos gadgets tecnológicos del mercado. Ciertamente que son nuevos y atractivos pero la realidad es que hay un punto en el que dejan de suponer una innovación porque no aportan realmente nuevas funcionalidades. Cuando apareció la minifalda fue sin duda una innovación, no porque se tratase de una prenda de ropa distinta o más bonita sino porque supuso un cambio conceptual en la imagen que las mujeres quisieron dar de si mismas a partir de entonces. La moda de vestir es un caso claro en el que se producen cambios frecuentes pero ya nadie la considera realmente una industria innovadora, los tejidos son los mismos que hace un siglo y las variaciones de diseño son puramente estéticas y pasan desapercibidas debido a la abundancia. El mundo de los teléfonos móviles o el de los ordenadores personales se encuentra en estos momentos en una situación que se acerca a la de la moda, los nuevos modelos apenas aportan cambios funcionales significativos salvo en el caso de smartphones y tablets. Ciertamente hay otros hitos tecnológicos que si sustentan innovaciones llamativas como la banca virtual o el marketing viral, pero los nuevos conceptos de economía social, comercio justo, agricultura ecológica, etcétera, también se están haciendo un hueco en el mercado sin servidumbre tecnológica. El simple uso de internet como infraestructura de comunicación está dando pié a muchas innovaciones de proceso (turismo especializado, formación on-line) que nada tienen que ver luego con la tecnología.

5.- Los programas estatales son fundamentales para la innovación

No deberían serlo

En Europa se lleva años haciendo esfuerzo ímprobos para la innovación, dedicando recursos a olíticas de I+D+i que, sorprendentemente para sus promotores, dejan interesantes resultados en forma de publicaciones en revistas científicas de alto impacto pero apenas han podido remover los carcomidos cimientos del sistema productivo europeo. Casos singulares como el 4% del PIB que Finlandia dedica a  I+D quedan llamativos en las estadísticas pero la realidad es que una empresa como Nokia en un país de apenas 5 millones de habitantes hace innecesarios otros inversores. La capacidad de innovación de un país hay que buscarla en su historia y su cultura. La innovación exige una mentalidad más interesada en lo práctico que en lo teórico, abierta a la noción de provisionalidad y cambio. Pero, sobre todo, para desarrollarse, la innovación requiere una cultura que favorezca el riesgo, recompense el éxito y no penalice demasiado el fracaso. Por eso no debe extrañar que Estados Unidos –un país de inmigrantes que mantiene el espíritu pionero de los primeros colonizadores europeos– esté a la cabeza en este terreno. La tradición calvinista de depender de uno mismo y no del Estado, de culparse a uno mismo antes que al sistema si las cosas no vienen bien, sigue aún viva en Estados Unidos y, lamentablemente, muy poco asentada en el viejo continente apegado a su "estado del bienestar". En España, donde se culpa al Gobierno de turno hasta de las tormentas, difícilmente se podría hacer innovación sin las políticas estatales pero por mas que lo intente ningún gobierno puede pagar para que a sus ciudadanos les "brote" el espíritu innovador.

Entonces ¿merece la pena innovar? ¿y como lo hacemos?

Absolutamente SI. 

Como ya hemos visto la innovación no es solo una elección, en el mercado cambiante en que nos encontramos es ya una necesidad. Los mecanismos de la globalización vinculan las acciones y sus efectos a nivel global, nada es independiente de lo que ocurra en otro sitio, su efecto será mayor o menos o podrá notarse antes o después, pero el efecto existe y acabará llegando. Las grandes corporaciones mundiales, los "mercados" de que tanto se habla, son capaces de producir alteraciones económicas que afectan a gran escala hasta incluso "hipotecar" un país. Los medios de comunicación de masas entre los que están las redes sociales permiten movilizaciones masivas con fines autógenos que pueden derrocar gobiernos. 

Las empresas se encuentran sujetas a fuerzas que, como nunca antes ocurriera, escapan de su control directo, deben estar alerta y preparadas para reaccionar. El espíritu innovador es la adrenalina de las organizaciones que les permitirá "huir" (hacia los oceanos azules con nuevas propuestas) o "luchar" (en los oceanos rojos con nuevas armas) en el mercado. Y esto para crecer o, cuando menos, sobrevivir. Desde las administraciones públicas debe apoyarse la emprendeduría innovadora, abordar cambios en los programas educativos que promuevan el espíritu empresarial y la dignificación de la profesión. Desde las empresas debe hacerse un ejercicio de autoanálisis y descubrir hasta que punto se es capaz de innovar, lo que se ha hecho en el pasado y cuan preparado se está para el futuro. Las asociaciones empresariales deben asumir el papel de líderes de la innovación para que sus socios se apoyen entre si. Los sindicatos deben abandonar el discurso del victimismo y la estigmatización del empresariado para generar confianza en el tejido productivo y lograr la corresponsabilidad de todos los agentes sociales.